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7.2 Relaciones sexuales

En el tema anterior examinamos lo trascendente que es mostrar afecto a través de nuestro cuerpo. Las personas se expresan amor y cariño al abrazarse, besarse o acariciarse. Desde que nace, el bebé descubre la vida a través de su boca y de la manera como lo cargan y lo acarician. Desde esos primeros contactos físicos, ese o esa bebé descubre su propia existencia al reconocer su cuerpo a partir de ellos. 

Desde las etapas más tempranas de la vida, el afecto y contacto físico son primordiales para la supervivencia de las personas y para crear un cuerpo emocional y sensorial capaz de ser compartido y de brindar placer y bienestar a otras personas (Cyrulnik, 2001). Todos los seres humanos nacemos con la capacidad de disfrutar nuestra sexualidad.

Ha quedado demostrado a través de diversos estudios que las personas no sobrevivirían sin contacto físico, aun cuando estén cubiertas sus necesidades básicas de alimentación, temperatura e higiene. “Un niño que no ha sido acariciado muere de hambre afectiva, incluso si está bien alimentado físicamente.” (Cyrulnik). Por ejemplo, en bebés prematuros se recomienda la técnica de la mamá canguro, que consiste en cargar a su bebé pegado al cuerpo. Se han presenciado resultados extraordinarios en su implementación. Las niñas y los niños en los que se utilizó esta técnica se recuperan más rápidamente que aquellos que no han tenido dicho acompañamiento. Los bebés que por diversas razones han tenido que permanecer en un orfanato donde no son cargados ni acariciados, muestran un desarrollo más lento, en comparación con los bebés que crecen en familias y son amados, deseados y acariciados (Ortego et al., 2014).

Expresiones como atender a una persona, escucharle, hacerle algo especial, escribirle una carta, se agradecen infinitamente. Generalmente, es placentero y reconfortante recibir o dar una caricia a una persona que amamos, con respeto y sin pasar los límites.

En el campo de la intimidad, las caricias y los tocamientos formarán parte de la expresión sexual de las personas. A partir de la pubertad, como vimos, sentimos el deseo, la excitación y el orgasmo. Si está dentro de límites establecidos y en un marco en el que las personas y sus parejas se sienten bien, es perfectamente natural sentirlo, vivirlo y disfrutarlo. Aceptar lo anterior significa reconocer que el placer y la excitación son sensaciones humanas naturales que pueden incluir la intimidad física.

Las personas tienen la capacidad y el derecho de decidir qué es lo que quieren y desean, o lo que no. Pero no siempre tienen los elementos para tomar sus decisiones, por lo que se propone considerar los siguientes valores como elementos para decidir:

  • Consentimiento: acuerdo libre, informado y voluntario entre personas para participar en una actividad sexual.</li>
  • Libertad: se puede hacer lo que se quiera sin que se obligue a nadie.
  • Responsabilidad: es responder o prever las consecuencias de nuestros actos.
  • Salud: se puede hacer todo lo que se desee siempre y cuando no se ponga en riesgo la propia salud o la de otras personas.
  • Respeto: se puede hacer lo que se desee en la intimidad, pero no frente a personas si no se tiene su consentimiento.
  • Placer: lo que haga tiene que ser para que quienes participen lo disfruten. Si algo no es grato, lastima o es molesto, se debe interrumpir y hablar.

Cualquier actividad sexual que se realice debe cumplir con estas características. Debemos establecer límites en nuestra actividad sexual para sentirnos en un ambiente de confianza y seguridad.

Es importante enseñar a las niñas, niños y adolescentes la diferencia entre un contacto amoroso y uno abusivo, sin importar de quién venga, así como a poner límites o a retirarse cuando el contacto es desagradable.

A partir de la infancia, los contactos corporales se ampliarán a otras personas que pueden ser de la familia o en el entorno escolar y social. Estos nos permitirán crear un aprendizaje de las formas en las que nos podemos vincular y sentarán las bases para la manera en la que se viven las relaciones humanas, ya sea familiares, con los amigos, la pareja o la sociedad, por lo que es muy importante que aprendan desde la infancia a reconocer sus emociones, sensaciones y a poner límites, así como a exteriorizar con personas de confianza lo que necesitan.

En la adolescencia el contacto corporal cobra mayor relevancia, ya que implica un redescubrimiento de las sensaciones del cuerpo, además del descubrimiento de la corporalidad de las otras personas. Estos primeros contactos con frecuencia son un poco toscos por inexperiencia, pero evolucionarán si la persona adquiere las experiencias adecuadas de vida, aprendiendo a demostrar afecto y amor a través de un contacto corporal agradable, respetuoso y responsable.

Es importante hablar con las y los adolescentes sobre el placer, las relaciones sexuales, sobre los riesgos e implicaciones que tienen, la importancia de retrasar el inicio de la vida sexual o de iniciarla solo cuando estén preparadas/os para prevenir un embarazo, una infección de transmisión sexual (ITS) o un daño emocional, pues en esta edad es cuando se dan los primeros enamoramientos que pueden ser muy intensos.

Parte de este aprendizaje es el desarrollo de las capacidades que nos permiten expresar el amor, la amistad y la cercanía a través del contacto corporal, los besos, caricias y abrazos que públicamente son permitidos, así como elegir y establecer contactos más íntimos, los cuales, de forma ideal, deben estar sustentados en la comunicación y el común acuerdo entre las personas que lo practican.

Cuando una persona puede hablar con su pareja de la actividad sexual que tienen o desean, rompiendo con la vergüenza, el temor de ofender o lastimar, con la voluntad de optimizarla, con frecuencia mejorarán su comunicación en otras áreas también (Kaplan, 1974).

Hablar sobre sexualidad debería ser un componente presente en todas las escuelas, las familias y las parejas, desde la etapa preescolar hasta la vejez. Nunca se deja de aprender sobre el tema. La educación en sexualidad es un proceso progresivo y continuo sobre todos los conceptos que incluye. Es importante que su enseñanza se adapte a la edad de la persona y a sus conocimientos previos sobre el tema (UNESCO et al., 2018). 

La función de la educación integral en sexualidad (EIS) es proporcionarle a cada persona elementos que le permitan una vivencia sana de su cuerpo, positiva y en buen trato con las demás personas, así como generar un ambiente de confianza y una comunicación abierta. Implica dar a conocer cada uno de los elementos de la sexualidad acorde a la edad de cada ser, haciendo hincapié en la igualdad, el buen trato, la responsabilidad, el amor y lo que en cada etapa sucede con el cuerpo (UNESCO et al., 2018). 

Hablemos ahora del amor. Un tema muy importante en nuestra sociedad y en el mundo en general. No solo es un sentimiento o una emoción, es un valor que se prioriza mundialmente. Existen muchos tipos de amor: el amor propio, el amor filial, el amor hacia una/o mismo, el amor al prójimo.

Tenemos que diferenciar el enamoramiento del amor. El primero es un estado de encantamiento pasajero y transitorio hacia otra persona, que tiene que ver con una respuesta a nivel cerebral, donde se forman sustancias que originan placer y distorsionan la realidad. Este estado empieza por una atracción química entre las personas, y mientras está presente solo permite ver la parte bonita y agradable de la otra persona (Álvarez y Balsa, 2019).

Al ser el enamoramiento un estado transitorio, la condición idealizada de la persona llega a término. Cuando esto sucede, si la relación no está bien afianzada, puede acabarse o volverse displacentera, ya que se ve al otro como realmente es. Hay quienes permanecen en la relación tratando de conservar lo que fue y hay quienes deciden terminar con la relación. Helen Fisher (2004), en sus investigaciones sobre la química del amor, señala que el estado de enamoramiento intenso tiende a mantenerse entre 12 a 18 meses aproximadamente. Después de este tiempo, la intensidad de la pasión disminuye naturalmente y puede evolucionar hacia un amor más estable o, en algunos casos, finalizar.

Cuando el enamoramiento pasa, si se han creado las condiciones de confianza, comunicación y respeto, puede surgir el amor, el cual es un sentimiento que nace a partir de un afecto intenso, donde de manera consciente se trabaja para fortificarlo y crecerlo. Una de las formas en que se expresa el amor y el interés por alguien es a través del contacto físico:

  • En la familia se manifiesta el cariño con besos y abrazos.
  • En las amistades el contacto y la escucha serán importantes.
  • En las parejas, el contacto corporal, las caricias físicas, los besos y la intimidad son parte esencial de la muestra de afecto y el placer de estar en unión.

El amor de pareja no permanece de forma natural, es necesario crear situaciones para mantenerlo. Para que el amor crezca y continúe, tiene que haber afecto, atracción, actualización constante de la pareja, reciprocidad, también cierta autonomía de cada uno/a, respeto mutuo, responsabilidad, acuerdos explícitos y renovables, comunicación, intimidad, compromiso, placer y alegría.

Robert Sternberg (1989) propone la teoría de “el triángulo del amor”, que conlleva tres componentes:

  • Pasión (erotismo y placer)
  • Intimidad (comunicación profunda)
  • Compromiso (objetivos de la pareja)

Sternberg refiere que se debe mantener un equilibrio entre estos tres elementos para lograr un amor consumado (Sternberg, 1989).

Podríamos considerar que:

  • Es natural que las personas sientan placer a partir de un estímulo interno o externo.
  • El placer es una sensación de bienestar que genera cambios bioquímicos, psicológicos y emocionales en el cuerpo.
  • El derecho al placer está presente en cualquier momento de la vida y no se limita a lo erótico.
  • El placer erótico es el que conlleva respuesta sexual, es decir, que produce excitación.
  • La sexualidad se puede disfrutar a lo largo de toda la vida y todas las personas pueden disfrutar sus cuerpos y la cercanía de otra persona.
  • Disfrutar de la propia sexualidad y que las demás personas disfruten de ella, es un derecho humano que se debe respetar.

Reflexiones finales

Recuerde sus primeros encuentros sexuales, ¿qué información tenía? ¿Cómo se sintió después de tenerlas? ¿Recuerda lo que hablaba con sus amistades sobre el tema? ¿Qué era realidad y qué mentira? ¿Qué cambiaría del inicio de sus relaciones sexuales? ¿Qué haría como madre o padre para ayudar a que su hija o hijo decida, de manera responsable, cuándo iniciar sus relaciones sexuales y en qué condiciones?

Anote sus observaciones.